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Chikako Taketani

Biografía

Biografía

Pintora japonesa, afincada en Ripoll

Chikako Taketani

Chikako Taketani nace en Kioto en 1962. Se licencia en Bellas Artes en la Saga Bijutsu Daigaku, donde se forma en la pintura tradicional japonesa — una disciplina que, aunque dominaba, sentía demasiado rígida para lo que quería decir.

Antes de instalarse en Cataluña recorre Senegal, Mali, Vietnam, Francia y Portugal: un itinerario que la aleja progresivamente de Japón y le abre la mirada hacia otras luces, otros colores. Hacia 2002 llega a la Fundació Rodríguez-Amat, en el Baix Empordà — una residencia de artistas a la que fue a trabajar con dudas sobre el camino que debía tomar su pintura.

Allí conoce a Domènec Batalla, escultor y pintor ripollés. En una sesión de trabajo, él toma una esponja con pintura roja y la lanza contra el lienzo con un «mira» juguetón. Aquel gesto sencillo la libera del rigor formal que arrastraba y abre la etapa más fértil de su pintura. En 2003 se instala con él en Ripoll, donde compartirán taller en un antiguo edificio industrial de dos plantas.

Su pintura, intimista e introspectiva, se ordena en torno a unos pocos motivos recurrentes: chicas con kimono de extremidades alargadas y posturas imposibles, trenes y ventanas, gatos, edificios apenas evocados. Trabaja con colas, pigmentos y adherentes que generan transparencias y veladuras — atmósferas nacaradas, cálidas, con estallidos de color que rompen la calma. La paleta, más próxima al Mediterráneo que a Japón, habla la lengua del lugar donde había decidido vivir.

El rostro de sus personajes se va borrando a lo largo de los años: primero la boca, luego la nariz, finalmente incluso los ojos. Una búsqueda consciente de profundidad y silencio. Obra seleccionada para la Bienal de Arte de Girona (2006, 2008) y finalista del Premio Honda de Pintura de la Garriga (2006). En 2009 expone individualmente en el Temple Romà de Vic — su primera muestra individual en Osona — y realiza exposiciones conjuntas con Domènec, como la del Casal Sant Martí de Campelles (siete esculturas de él, catorce pinturas de ella).

En 2011, junto con Domènec, viaja a Costa Rica por encargo del arquitecto Joan Puigcorbé: durante dos meses pinta «Canción de viento», un gran mural integrado en la Casa Altamira de Ciudad Colón — la atmósfera, el viento, las hojas, los cambios del lugar transformados en pintura. En sus últimos años atraviesa frecuentemente Japón en tren para acompañar a su padre enfermo: dos horas diarias de vía, ventana y tiempo suspendido que se filtran en su obra final y la vuelcan hacia una abstracción más libre. Muere el 2 de agosto de 2013.